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Las monjas sabían que la Hermana Ángela Catalina usaba instrumentos de penitencia. En ese tiempo era una práctica normal, pero prueba la voluntad de la Sierva de Dios de humillarse y dejar que el Señor Dios crezca en su alma.

Ángela Catalina a menudo solía hacer tales penitencias en las habitaciones deshabitadas del monasterio. Todos los días hacía la práctica de oración del Vía Crucis, lenta y escrupulosamente. Ella pidió los dibujos de las estaciones en su habitación para orar frente a ellas cuando estaba enferma.

Ella había obtenido el libro de oración llamado "Orologio della Passione" (El reloj de la Pasión). Le encantaba escalar todos los días la "Escalera Santa" que estaba en el monasterio.

Ángela Catalina quería llevar en procesión la pesada estatua del "Ecce Homo" ("este es el hombre" o "he aquí el hombre", Juan 19,5) en el Domingo de la Pasión, que estaba expuesta en el coro (Foto) hasta el Viernes Santo.

Esta devoción la hizo compartir los sufrimientos de Cristo, de modo que un día ella lo vio ante ella.

Él le dijo: "Hasta ahora he sido crucificado por ti, ahora es tu turno de estar en la cruz por mí". Él salió de la Cruz, tomó su corazón y colocó una cruz en él. Entonces Él puso su corazón nuevamente en su pecho y dijo estas palabras: "Hasta que la carne no haya sanado alrededor de tu corazón, no tendrás paz".

Después de esta experiencia mística, la Sierva de Dios comenzó a sufrir problemas cardíacos. Esto sucedió un año antes de su muerte. Luego tuvo un fervor aún mayor, una humildad más profunda y un deseo ardiente de sufrir por Dios.

Había pocas personas en la comunidad que conocían estos hechos. La hermana Ángela Catalina oró tanto mentalmente como con posturas corporales. Varias veces las monjas la encontraron en una habitación muy remota, de rodillas, con los brazos abiertos, inmóviles. En otra ocasión, algunos novicios la encontraron en un sótano húmedo y oscuro, de rodillas, con los brazos abiertos como en la cruz. El sacerdote vio en Ángela Catalina lo que Juan de la Cruz escribe en la Noche oscura y en las Obras espirituales que conducen al alma a la unión perfecta con Dios.

La Sierva de Dios dijo que en este estado "... no encontró compañía en nada de este mundo, y le pareció que todas las criaturas estaban tan lejos de ella, tanto como la tierra está lejos del cielo". El confesor se refirió a la conducción espiritual de los Borgia, precisamente el trabajo del reformador carmelita, encontró allí describió sus sufrimientos de espíritu, como "apetitos sensibles" que permanecen "dormidos y mortificados", "el intelecto nublado e incluso la voluntad seca".