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La hermana Ángela Catalina era un alma profundamente eucarística. En el monasterio, la Santa Comunión se celebraba ordinariamente los domingos, miércoles, viernes y en las fiestas.

En los otros días, la Sierva de Dios hizo la comunión espiritual, y solía explicar a sus hermanas cómo hacerlo. Ella hizo Comuniones "extraordinarias" cuando alguna otra monja le preguntó, pero nunca sola para no parecer "singular".

Ella solía prepararse durante mucho tiempo para la Comunión. Normalmente no lo recibía en la primera Misa del día, sino unas horas más tarde.

Ella solía hablar sobre la suerte de los pastores y los Reyes Magos que podían adorar al Niño Jesús. Sin embargo, ella concluyó que vieron al Niño por unos minutos, mientras que los cristianos generalmente no entienden la buena fortuna de poder adorar al Señor en la Sagrada Eucaristía mientras lo deseen.

Ella consideró que esto era una debilidad de la fe. En estos discursos ella solía parecer inflamada. Una vez que las monjas comenzaron a hablar acerca de la Sábana Santa de Turín, solicitaron algunos fragmentos de ella. La Hermana Ángela Catalina dijo que no teníamos suficiente conocimiento de que los corporales y los purificadores usados ​​en las celebraciones envolvieron el Cuerpo del Señor.