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Entre sus lecturas favoritas están los libros de st. Juan de la Cruz y las hagiografías.

Ella tenía una devoción particular al Santo Padre Agustín. Ella era un alma profundamente mística, pero su entusiasmo hacia Dios no siempre fue respaldado por su salud. Con los años ella lamentó el fervor juvenil.

Ella confió en la ayuda del Señor e hizo actos de esperanza. Ella podía consolar a las hermanas que enfrentaban las mismas debilidades. Les presentó la misericordia de Dios y su amonestación fue efectiva.