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Ángela Catalina fue designada para llevar a cabo diversas tareas, a veces simultáneamente. Durante aproximadamente quince años fue sacristána (Foto de la sacristìa) y dispensaria en el refectorio.

Solía ​​recordar que todas las tareas tienen la misma dignidad si se cumplen de acuerdo con la obediencia: el trabajo en la cocina y las tareas importantes. También era "farmacéutica", lo que significaba que tenía que proporcionar los medicamentos a las hermanas y cuidar a los enfermos.

Ella fue asignada a la logia del portero y pudo ayudar a algunas de las necesidades de los pobres del pueblo. Tuvo la idea de establecer días especiales para dar limosnas. Durante un cierto período ella vendió flores para obtener el dinero necesario. Ella era maestra de novicias y les enseñó con gran caridad. Fue llamada "la ermitaña" o "la peregrina". Ella amaba la soledad para unirse a Dios.

Cuando una monja hizo algo contrario a la Regla, ella prefirió parecer resentida, en lugar de usar palabras de reproche. No le gustaba hacer actos que la distinguieran. Era un personaje austero, pero se regocijó de ver la felicidad en la comunidad.

A veces experimentaba debilidades y tentaciones, pero practicaba actos de fe para contrarrestarlos.

Se preocupó por la conversión de los no creyentes, que solía llamar "los ciegos pobres". Ella afirmó que la fe era una verdadera buena fortuna y que, sin mérito, los católicos habían sido creados como tales.